La Riqueza de las Naciones: resumen capítulo por capítulo de la obra de Adam Smith [Libro II de V]

Actualizado por última vez el enero 29, 2024 por David Mesa Noack
David Mesa Noack

David Mesa Noack

Analista económico y político

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En «La Riqueza de las Naciones», Adam Smith reúne una gran cantidad de conocimiento en el ámbito de la economía que se encontraba disperso, para dar vida a la obra fundacional del pensamiento económico moderno. Es importante destacar el entorno en el cual Adam Smith escribió esta obra: la universidad de Edinburgh fue un centro neurálgico de la Ilustración, al mismo tiempo que las características políticas de la Escocia del siglo XVIII favorecieron la proliferación de ideas revolucionarias e inventos increíbles. Desde David Hume hasta James Watt, la Escocia del siglo XVIII fue fundamental para sentar las bases del mundo moderno.

Para sorpresa de quienes se acercan a la obra de Adam Smith por primera vez, la famosa «mano invisible» aparece mencionada solamente una sola vez en todos los cinco tomos de esta obra de carácter enciclopédico. Uno de los conceptos más conocidos del mundo moderno se desprende de un pequeño pasaje, casi perdido en el interior del libro. Su trascendencia no puede exagerarse, ya que este solo concepto produce visiones políticas completamente enfrentadas. Personalmente encuentro extraño que otro concepto, que se repite exactamente 100 veces (¿casualidad?) haya pasado desapercibido: «opresión». La obra de Adam Smith surge en una época en la que Escocia estaba finalmente liberándose de la opresión inglesa, minimizando su influencia en su política. También mermó la opresión de la Iglesia, siendo el año 1706 la última ejecución de un ciudadano por blasfemia.

La obra de Adam Smith consta de 5 libros, que vamos a ir resumiendo en artículos independientes que se publicarán 1 vez por semana los días lunes. Para acceder a los otros artículos, podrás encontrar el link al pie de página o en esta estructura:

La mejor edición que se puede encontrar para leer el original en español, en mi opinión, es la edición de Carlos Rodríguez Braun de 1994 que contiene los libros I, II y III, y una selección de los libros IV y V. La edición completa y resumida abarca 800 hojas, lo que supone un desafío para el lector. Esta edición se puede encontrar en la biblioteca de Internet por definición, archive.org, en este link.

La mejor versión en inglés de La Riqueza de las Naciones, que es una edición completa y comentada al detalle, es la fantástica edición de Edwin Cannan de 1904 que se puede encontrar en Econlib en este link. La obra de Cannan es impecable. Las ediciones en español no me terminan de convencer, porque contienen una pequeña carga ideológica que tergiversan mínimamente las palabras de Adam Smith. Por ejemplo, mientras que en el original la palabra «opresión» aparece mencionada 100 veces, en la edición de Carlos Rodríguez Braun aparece mencionada solo 16 veces (11 veces ‘opresión’, 3 veces ‘oprimido’ y 2 veces ‘oprimidos’) porque 1) se ha matizado el mensaje de Smith y 2) gran parte de estos pasajes se encuentran en los libros IV y V que se presentan resumidos en español.

A continuación, un resumen capítulo por capítulo del Libro II de la obra de Adam Smith:

Libro II

Introducción al Libro II

En este libro, Adam Smith aborda la naturaleza, acumulación y empleo del capital en la sociedad. Explica que en una sociedad primitiva, donde no existe la división del trabajo y cada persona se encarga de satisfacer sus propias necesidades, no es necesario acumular capital. Sin embargo, una vez que la división del trabajo se introduce, la producción de un individuo solo puede satisfacer una pequeña parte de sus necesidades y se vuelve necesario acumular bienes para poder mantenerse y trabajar en su oficio.

La acumulación de capital es necesaria para que la división del trabajo avance y, a medida que esta se desarrolla, se requiere una cantidad mayor de provisiones, materiales y herramientas. Además, la acumulación de capital lleva a la mejora de la productividad del trabajo, ya que permite a los empresarios asignar tareas de manera eficiente y proporcionar las mejores máquinas a sus trabajadores.

El Libro II se divide en cinco capítulos. El primer capítulo aborda las diferentes ramas en las que se divide el capital de un individuo o de una sociedad. El segundo examina la naturaleza y funcionamiento del dinero como una rama del capital. El tercer y cuarto capítulo analizan cómo opera el capital cuando es empleado por su propietario o prestado a otra persona. Por último, el quinto capítulo discute los efectos de los diferentes usos del capital en la industria nacional y en la producción anual de tierra y trabajo.

Capítulo I: De la División del Capital

En este capítulo, Adam Smith habla sobre la división del capital en dos partes: el capital circulante y el capital fijo. El capital circulante se refiere a aquel que se emplea en la producción y venta de bienes, generando ganancias a través de su circulación. Por otro lado, el capital fijo incluye mejoras en la tierra, maquinaria e instrumentos que generan ingresos sin cambiar de dueño ni circular.

El autor menciona que diferentes ocupaciones requieren distintas proporciones de capital fijo y circulante. Por ejemplo, un comerciante utiliza principalmente capital circulante, mientras que un fabricante o artesano requiere una combinación de ambos.

El capital de un país o sociedad se divide en tres partes: la primera se reserva para el consumo inmediato y no genera ingresos (por ejemplo, alimentos, ropa y viviendas). La segunda parte es el capital fijo, que genera ingresos sin cambiar de manos (maquinaria, edificios productivos y habilidades adquiridas de las personas). Por último, la tercera parte es el capital circulante, que genera ingresos a través de su circulación en la economía.

En otras palabras, Adam Smith destaca la importancia de comprender las diferentes formas en que se puede emplear el capital y cómo este se divide y distribuye en función de las necesidades de la economía y la sociedad.

Adam Smith aborda la tercera y última parte del capital general de la sociedad: el capital circulante. Este capital solo genera ingresos al cambiar de manos y se compone de cuatro partes: dinero, provisiones, materiales y trabajo terminado en manos de comerciantes y fabricantes. El capital circulante es esencial para distribuir bienes y servicios a quienes los consumirán.

El autor señala que el capital circulante necesita ser reabastecido constantemente, ya que gran parte de él se retira para ser utilizado en el capital fijo o en el stock de consumo inmediato. Las fuentes principales de abastecimiento del capital circulante provienen de la tierra, las minas y las pesquerías, que proporcionan provisiones y materiales.

El capital circulante también es necesario para mantener y aumentar el stock destinado al consumo inmediato. La riqueza o la pobreza de la sociedad dependen de la cantidad de suministros que los capitales fijos y circulantes puedan proporcionar a este stock.

Smith también discute cómo la tierra, las minas y las pesquerías requieren tanto un capital fijo como circulante para ser cultivadas. El producto de estos recursos naturales permite reemplazar y generar ganancias para todos los demás capitales en la sociedad.

Por último, el autor menciona que en países donde hay inseguridad, la gente suele esconder gran parte de su capital para protegerlo de posibles desastres. Esta práctica era común durante el feudalismo, y se consideraba como un recurso valioso para los soberanos.

Capítulo II: Del dinero como una rama particular del capital general de la sociedad, o el gasto necesario para mantener el capital nacional

En este capítulo, Adam Smith analiza el dinero como una rama particular del capital general de la sociedad y el gasto necesario para mantener el capital nacional. Argumenta que el precio de la mayoría de los bienes se compone de tres partes: salarios del trabajo, beneficios del capital y renta de la tierra. El precio total de todos los bienes producidos en un país se divide entre sus habitantes en forma de salarios, beneficios y rentas.

Smith diferencia entre la renta bruta y la renta neta en el contexto de un país. La renta bruta incluye la producción total de bienes y servicios, mientras que la renta neta se obtiene después de deducir los gastos necesarios para mantener el capital fijo y circulante. La riqueza real de una sociedad depende de su renta neta, no de la renta bruta.

El autor destaca la importancia de mantener el capital fijo para aumentar la productividad del trabajo y generar una mayor producción. Además, sugiere que el dinero es la única parte del capital circulante que puede disminuir la renta neta de la sociedad, ya que su mantenimiento implica un costo.

Smith señala que el dinero en sí mismo no forma parte de la renta de la sociedad, sino que actúa como un instrumento de intercambio que permite la distribución de bienes y servicios entre sus miembros. La riqueza real de una sociedad se encuentra en los bienes y servicios que se pueden adquirir con el dinero, no en el dinero en sí mismo.

Luego, Adam Smith argumenta que el ingreso de una persona no consiste en las monedas metálicas que recibe anualmente, sino en su poder adquisitivo. Para una sociedad, la cantidad de monedas en circulación nunca puede ser igual a los ingresos de todos sus miembros. El ingreso consiste en el poder de compra, no en las monedas en sí.

Smith también discute el papel del dinero como un instrumento de comercio y cómo las monedas de metal no forman parte del ingreso de la sociedad. A continuación, explica cómo las máquinas e instrumentos de comercio que componen el capital fijo y circulante pueden generar ingresos para la sociedad.

Se argumenta que el ahorro en el gasto de mantener el capital fijo es una mejora en el ingreso neto de la sociedad. Al reducir el gasto en mantener el capital fijo, se incrementa el fondo que pone en marcha la industria y, en consecuencia, se incrementa la producción anual de tierras y trabajo.

Smith también aborda la sustitución del papel moneda por el oro y la plata, explicando que este proceso puede reducir costos y, a veces, ser igual de conveniente. El papel moneda, especialmente los billetes emitidos por bancos y banqueros, puede tener la misma función que el oro y la plata, siempre y cuando las personas confíen en que puedan obtener dinero por ellos.

En este sentido, el papel moneda puede permitir que menos oro y plata circulen en un país y, en su lugar, se utilice para intercambiar bienes en el extranjero, ya sea en el comercio o en la compra de bienes de consumo. Si se emplea en comprar bienes de consumo, puede ser beneficioso si se utiliza para adquirir insumos adicionales y emplear a más personas productivas, lo que aumenta el ingreso neto de la sociedad.

En otras palabras, Smith argumenta que el ingreso de una persona y de la sociedad en su conjunto no radica en las monedas metálicas, sino en su poder adquisitivo. También explica cómo el papel moneda puede reemplazar el oro y la plata en el comercio y cómo su uso en la compra de bienes de consumo puede beneficiar a la sociedad si se emplea de manera productiva.

Luego, Adam Smith analiza la importancia del capital circulante en la economía y cómo afecta la cantidad de industria que puede emplear una sociedad. Smith sostiene que sólo se deben tener en cuenta las provisiones, materiales y trabajos terminados, y no el dinero que sirve para hacer circular estos elementos. La cantidad de industria que un capital puede emplear depende de la cantidad de trabajadores que pueda proveer con materiales, herramientas y un mantenimiento adecuado.

Smith también discute el efecto de la sustitución del papel moneda por el oro y la plata en la economía escocesa. La creación de nuevas compañías bancarias en Escocia ha permitido aumentar la cantidad de materiales, herramientas y mantenimiento que el capital circulante puede proporcionar. Esto ha llevado a un aumento en la industria y en el valor de la producción anual.

El autor explica cómo los bancos emiten sus notas promisorias principalmente mediante el descuento de letras de cambio. También señala que las compañías bancarias escocesas ofrecen créditos llamados “cuentas en efectivo”, que permiten a los comerciantes tener acceso a fondos adicionales, lo que a su vez fomenta el comercio y la industria. Este método de financiamiento ha sido un factor importante en el crecimiento del comercio y la industria en Escocia.

En otras palabras, Smith destaca la importancia del capital circulante y cómo la sustitución del papel moneda por el oro y la plata ha influido en la economía escocesa. Además, señala cómo los bancos y los sistemas crediticios han contribuido al aumento del comercio y la industria en el país.

Luego, Adam Smith discute cómo los bancos que emiten más papel moneda del que puede ser absorbido por la economía deben aumentar sus reservas de oro y plata, no solo en proporción a ese exceso, sino en una proporción mucho mayor. Explica que los bancos deben aumentar sus gastos en función del exceso de emisión de papel moneda y que esto puede llevar a una exportación constante de oro y plata, lo que a su vez aumenta los gastos del banco.

Smith menciona que si los bancos hubieran comprendido y atendido a sus propios intereses, la economía nunca habría tenido un exceso de papel moneda. Sin embargo, el Banco de Inglaterra y otros bancos escoceses emitieron en exceso, lo que resultó en costos adicionales para ellos y para el Banco de Inglaterra.

El autor también explica que un banco no debe prestar todo el capital de un comerciante o empresario, sino solo la parte que, de lo contrario, estaría inactiva como efectivo disponible. Si el dinero en papel emitido por un banco no supera este valor, no excederá la cantidad de oro y plata necesaria para la circulación del país. Además, cuando un banco descuenta una letra de cambio real para un comerciante, solo le adelanta una parte del valor que de otro modo tendría que mantener como dinero en efectivo disponible.

Los bancos de Escocia, en particular, se aseguraron de requerir pagos frecuentes y regulares de sus clientes para evaluar sus condiciones financieras. Así, además de ahorrar en gastos extraordinarios para reponer sus reservas, también pudieron tomar decisiones informadas sobre a quién prestar.

Luego, Smith discute cómo los bancos de Escocia aseguraron que no emitieron más dinero en papel del que la circulación del país podría absorber y emplear fácilmente. Esto se logró prestando a comerciantes de crédito solamente la parte de su capital que podrían mantener en efectivo para responder a demandas ocasionales. Los bancos no podían permitirse prestar todo el capital circulante ni el capital fijo de los comerciantes, ya que esto iría en contra de sus propios intereses y seguridad.

Smith menciona la práctica de “levantar dinero por circulación” a través de la emisión y reemisión de letras de cambio. Aunque esta práctica tenía un costo mucho mayor para los comerciantes, fue efectiva para proporcionar el capital necesario para proyectos comerciales y de infraestructura. El papel moneda emitido en base a estas letras de cambio superaba con creces el valor del oro y la plata que habría circulado en el país si no hubiera habido dinero en papel. Esto generó problemas cuando el dinero en papel emitido superaba lo que la circulación del país podía absorber y emplear, y el exceso de papel moneda volvía a los bancos para ser intercambiado por oro y plata.

Los bancos de Escocia habían proporcionado asistencia a los comerciantes y empresarios del país, aunque algunos de estos últimos exigían aún más apoyo financiero. Estos comerciantes y empresarios creían que los bancos podrían extenderles crédito ilimitado, lo cual los bancos rechazaron. A pesar de los desafíos, los bancos de Escocia lograron mantener un equilibrio en la emisión de dinero en papel y mantener la estabilidad financiera.

Luego, Smith discute cómo el manejo imprudente de los bancos puede llevar a la ruina de los proyectos y a la pérdida de capital. Cuando los bancos descuentan facturas de cambio sin distinguir entre las reales y las ficticias, pueden terminar financiando proyectos sin fundamento. Además, si un banco descubre que ha financiado en exceso a estos proyectos, puede ser demasiado tarde para evitar la quiebra y la pérdida de capital.

Smith menciona el caso de un banco en Escocia que se estableció con la intención de aliviar la angustia económica, pero su enfoque imprudente en la concesión de créditos y descuentos en facturas de cambio en realidad agravó la situación. Aunque proporcionó un alivio temporal a los proyectistas, terminó llevándolos a una deuda aún mayor y a una caída más dura. Al mismo tiempo, este banco brindó alivio permanente a otros bancos escoceses, que pudieron evitar pérdidas y mantener su crédito.

Smith concluye que los bancos deben ser más cuidadosos al elegir a sus deudores y financiar proyectos proporcionales a su capital. Un manejo imprudente de los recursos no solo lleva a la pérdida de capital, sino que también puede desviar fondos de proyectos sólidos y rentables hacia proyectos irresponsables y sin beneficio.

Luego, Smith discute las opiniones de John Law sobre cómo solucionar la falta de dinero en Escocia mediante la creación de un banco y la emisión de papel moneda. También menciona el famoso proyecto del Mississippi en Francia, basado en las ideas de Law.

Smith analiza la creación y evolución del Banco de Inglaterra, y cómo sus operaciones han influido en la economía del país. Según Smith, la banca no aumenta el capital del país, sino que permite que una mayor parte de ese capital se vuelva activo y productivo. Sin embargo, Smith advierte sobre los riesgos de confiar demasiado en el papel moneda y sugiere que el papel moneda debería regularse cuidadosamente.

El autor también aborda la circulación de dinero en el país, que se divide en dos ramas: la circulación entre los comerciantes y la circulación entre comerciantes y consumidores. Smith explica que el papel moneda puede regularse para limitarse a la circulación entre comerciantes o extenderse también a la circulación entre comerciantes y consumidores, según la denominación de los billetes emitidos. En este sentido, el autor menciona cómo en Escocia y América del Norte, el papel moneda se extendió a una gran parte de la circulación entre comerciantes y consumidores debido a la emisión de billetes de pequeñas denominaciones.

En la parte final del capítulo 2 del Libro II de La Riqueza de las Naciones, Adam Smith argumenta que, aunque el papel moneda esté limitado principalmente a la circulación entre comerciantes, los bancos y banqueros podrían seguir apoyando la industria y el comercio del país de manera similar a cuando el papel moneda ocupaba casi toda la circulación. Al descontar letras de cambio reales y prestar sobre cuentas en efectivo, los bancos y banqueros podrían liberar a la mayoría de los comerciantes de la necesidad de mantener una parte considerable de su capital en efectivo.

Smith sostiene que restringir a las personas privadas de recibir notas promisorias de un banquero como pago es una violación de la libertad natural, pero también reconoce que ciertos aspectos de esta libertad deben ser restringidos por las leyes de todos los gobiernos. El papel moneda, si está respaldado por personas de crédito indudable y se paga al instante, tiene un valor igual al del oro y la plata.

El autor afirma que el aumento de papel moneda no aumenta necesariamente la cantidad total de moneda en circulación, ya que la cantidad de oro y plata retirada es igual a la cantidad de papel añadida. También menciona casos en los que el papel moneda, bajo ciertas condiciones, puede devaluarse respecto al oro y la plata.

Smith considera que la emisión de papel moneda por parte de los gobiernos coloniales de América del Norte fue injusta, ya que lo hicieron una moneda de curso legal sin tener en cuenta su valor real y sin pagar intereses a sus tenedores. Sin embargo, también reconoce que las colonias, como Pensilvania, que emitieron papel moneda de manera moderada, lograron mantener un valor cercano al del oro y la plata.

Finalmente, Smith argumenta que la libre competencia entre los bancos es beneficiosa para el público, ya que les obliga a ser más cuidadosos en su conducta y a ser más generosos con sus clientes. En general, si cualquier rama del comercio o división del trabajo es ventajosa para el público, la competencia libre y más general será aún más beneficiosa.

Capítulo III: De la acumulación de capital, o del trabajo productivo e improductivo

Adam Smith distingue entre dos tipos de trabajo: el productivo y el improductivo. El trabajo productivo agrega valor a un producto, mientras que el improductivo no lo hace. Smith señala que los fabricantes son trabajadores productivos, ya que su trabajo incrementa el valor de los materiales. En cambio, los sirvientes o trabajadores del gobierno no generan valor agregado en términos de productos vendibles.

Ambos tipos de trabajadores, productivos e improductivos, son mantenidos por el producto anual del país. La cantidad de este producto no es infinita, y la proporción en que se destina a mantener manos improductivas afecta directamente el monto disponible para las productivas, lo que a su vez impacta en el producto del año siguiente.

El producto anual del país se divide en dos partes: una destinada a reemplazar el capital y otra destinada a constituir ingresos como rentas o ganancias. La parte destinada a reemplazar el capital se emplea solo en mantener trabajadores productivos, mientras que la destinada a constituir ingresos puede mantener tanto a trabajadores productivos como improductivos.

El propietario de un capital espera obtener ganancias, por lo que lo emplea en mantener trabajadores productivos. Los trabajadores improductivos son mantenidos principalmente por las rentas de la tierra y las ganancias del capital, que son las fuentes de ingresos con mayor disponibilidad para financiar a manos improductivas. La proporción entre trabajadores productivos e improductivos en un país depende de la proporción entre la parte del producto anual destinada a reemplazar el capital y la destinada a constituir ingresos como rentas o ganancias. Esta proporción varía entre países ricos y pobres.

Luego, Smith sostiene que en los países opulentos de Europa, la mayor parte de la producción de la tierra se destina a reemplazar el capital de los agricultores ricos e independientes y a pagar sus ganancias y la renta de los terratenientes. En cambio, en la época feudal, solo una pequeña parte de la producción se destinaba a reemplazar el capital empleado en la agricultura.

En Europa, actualmente se emplean grandes capitales en comercio y manufacturas. Sin embargo, en la antigüedad, el comercio y las manufacturas requerían capitales mucho menores. Los intereses y las ganancias eran mayores en ese entonces. La parte de la producción anual destinada a reemplazar un capital es mucho mayor en los países ricos que en los pobres, lo que influye en el carácter general de los habitantes en términos de industria o ociosidad.

Smith también argumenta que el ahorro, no la industria, es la causa inmediata del aumento de capital. La industria proporciona el sujeto que la parsimonia acumula, pero si la parsimonia no guarda y almacena lo que la industria adquiere, el capital nunca aumentaría. El ahorro y la inversión en capital son fundamentales para el crecimiento económico y el bienestar de la población.

La proporción entre capital y renta determina la proporción entre industria e inactividad en un país. Donde predomina el capital, prevalece la industria; donde predomina la renta, la ociosidad. El capital aumenta con la parsimonia y disminuye con la prodigalidad y la mala conducta. La cantidad de capital que una persona ahorra de su renta se emplea en mantener un mayor número de trabajadores productivos, ya sea directamente o mediante préstamos a otros.

Luego, Adam Smith argumenta que el derroche de individuos y el mal manejo de los recursos afectan negativamente la riqueza de una nación al disminuir los fondos destinados al empleo de mano de obra productiva. Sin embargo, la frugalidad y el buen comportamiento de otros individuos suelen compensar los excesos de los derrochadores y el mal manejo de los recursos, lo que permite que el progreso económico continúe.

Smith también sostiene que la cantidad de dinero en un país debe aumentar a medida que aumenta el valor de la producción anual. La riqueza y los ingresos de un país se ven afectados por la cantidad y calidad de la mano de obra productiva y la inversión en capital. A pesar de las preocupaciones sobre el declive de la riqueza en ciertos períodos, Smith destaca que la producción anual de Inglaterra ha aumentado constantemente a lo largo de la historia, y sugiere que este es el caso en la mayoría de las naciones en tiempos de paz y estabilidad.

En otras palabras, aunque el derroche y el mal manejo de recursos pueden causar daños económicos, la frugalidad y el buen comportamiento de los individuos y la inversión en capital y mano de obra productiva suelen compensar estos problemas y permitir el crecimiento económico a largo plazo.

En la última parte de este capítulo, Adam Smith argumenta que a lo largo de la historia, ha habido momentos de despilfarro público y privado, guerras innecesarias y costosas, y una gran cantidad de recursos destinados a mantener manos improductivas. A pesar de esto, la acumulación de riquezas no se detuvo, aunque se ralentizó. La riqueza de Inglaterra siguió creciendo gracias a la frugalidad y el buen comportamiento de sus ciudadanos, quienes, a pesar de no ser característicamente parsimoniosos, lograron acumular capital.

Smith señala que el gasto gubernamental en bienes duraderos y la inversión en industrias productivas contribuye más al crecimiento de la riqueza nacional que el gasto en bienes de consumo inmediato. Los individuos que gastan su dinero en bienes duraderos, como la construcción y el mobiliario, acumulan riqueza y generan empleo para más personas. Además, este tipo de gasto fomenta la frugalidad, ya que las personas pueden reducir sus gastos sin ser objeto de críticas públicas.

No obstante, Smith aclara que no pretende afirmar que un tipo de gasto sea siempre más generoso que el otro. El gasto en hospitalidad puede compartirse con amigos y familiares, mientras que el gasto en bienes duraderos a menudo beneficia únicamente al individuo que realiza la compra. Sin embargo, el gasto en bienes duraderos, en comparación con el gasto en bienes de consumo inmediato, favorece la acumulación de capital, la frugalidad privada y el empleo de manos productivas, lo que contribuye al crecimiento de la opulencia pública.

Capítulo IV: Del capital prestado a interés

En este capítulo, Adam Smith explica que el capital prestado a interés es considerado como un capital por el prestamista. El prestatario puede usarlo como capital para mantener a trabajadores productivos o como reserva para consumo inmediato. Si se utiliza como capital, se espera que genere ganancias y pueda devolver el capital y pagar los intereses. Si se utiliza para consumo inmediato, el prestatario actúa como un derrochador y no podrá devolver el capital ni pagar intereses sin recurrir a otras fuentes de ingresos.

Smith señala que el capital prestado a interés se emplea más frecuentemente en actividades productivas que en consumo inmediato. Los préstamos, en general, se realizan en dinero, ya sea en papel o en monedas de oro y plata. Sin embargo, lo que realmente quiere el prestatario y lo que le proporciona el prestamista no es el dinero en sí, sino el valor del dinero o los bienes que este puede adquirir.

El autor argumenta que la cantidad de capital que se puede prestar a interés en un país no está regulada por el valor del dinero, sino por el valor de la parte de la producción anual destinada a reemplazar un capital que el propietario no desea emplear él mismo. La cantidad de capital disponible para préstamos aumenta a medida que crece el capital total en una economía. A medida que aumenta la cantidad de capital disponible para préstamos, el interés o precio que se debe pagar por el uso de ese capital disminuye debido a la competencia entre los diferentes capitales y la disminución de las ganancias que se pueden obtener al emplear ese capital.

Smith también aborda la idea errónea de que el aumento de la cantidad de oro y plata debido al descubrimiento de las Indias Occidentales españolas fue la causa real de la disminución de la tasa de interés en la mayor parte de Europa. El autor refuta esta noción, argumentando que la relación entre el valor del capital y el del interés se mantiene constante, aunque la tasa de interés cambie.

Por último, Adam Smith explica cómo afectan las variaciones en la cantidad de plata y bienes en circulación a la economía. Si la cantidad de plata aumenta y la de bienes se mantiene constante, disminuye el valor de la plata y aumenta el valor nominal de los bienes, aunque su valor real sigue siendo el mismo. El capital del país no cambiaría, solo se necesitarían más piezas de plata para transacciones iguales. En cambio, si la cantidad de bienes aumenta y la cantidad de dinero se mantiene constante, el capital del país realmente aumentaría, permitiendo emplear más mano de obra productiva.

Smith también aborda la regulación de las tasas de interés, argumentando que la prohibición del interés lleva a un aumento en la usura, ya que el prestatario debe compensar al prestamista por el riesgo. Si la tasa de interés legal se establece por debajo de la tasa de mercado, los efectos serían similares a una prohibición total del interés. En cambio, si la tasa legal se establece ligeramente por encima de la tasa de mercado, se prefiere a los prestatarios sobrios sobre los derrochadores y los proyectistas, lo que resulta en un uso más ventajoso del capital.

Smith menciona cómo el precio del suelo depende de la tasa de interés del mercado. Si la renta de la tierra es significativamente menor que el interés del dinero, nadie compraría tierras, lo que reduciría su precio. En cambio, si las ventajas de poseer tierras compensan la diferencia de ingresos, todos comprarían tierras, lo que elevaría su precio.

Luego, Adam Smith argumenta que el derroche de individuos y el mal manejo de los recursos afectan negativamente la riqueza de una nación al disminuir los fondos destinados al empleo de mano de obra productiva. Sin embargo, la frugalidad y el buen comportamiento de otros individuos suelen compensar los excesos de los derrochadores y el mal manejo de los recursos, lo que permite que el progreso económico continúe.

Smith también sostiene que la cantidad de dinero en un país debe aumentar a medida que aumenta el valor de la producción anual. La riqueza y los ingresos de un país se ven afectados por la cantidad y calidad de la mano de obra productiva y la inversión en capital. A pesar de las preocupaciones sobre el declive de la riqueza en ciertos períodos, Smith destaca que la producción anual de Inglaterra ha aumentado constantemente a lo largo de la historia, y sugiere que este es el caso en la mayoría de las naciones en tiempos de paz y estabilidad.

En otras palabras, aunque el derroche y el mal manejo de recursos pueden causar daños económicos, la frugalidad y el buen comportamiento de los individuos y la inversión en capital y mano de obra productiva suelen compensar estos problemas y permitir el crecimiento económico a largo plazo.

En la última parte de este capítulo, Adam Smith argumenta que a lo largo de la historia, ha habido momentos de despilfarro público y privado, guerras innecesarias y costosas, y una gran cantidad de recursos destinados a mantener manos improductivas. A pesar de esto, la acumulación de riquezas no se detuvo, aunque se ralentizó. La riqueza de Inglaterra siguió creciendo gracias a la frugalidad y el buen comportamiento de sus ciudadanos, quienes, a pesar de no ser característicamente parsimoniosos, lograron acumular capital.

Smith señala que el gasto gubernamental en bienes duraderos y la inversión en industrias productivas contribuye más al crecimiento de la riqueza nacional que el gasto en bienes de consumo inmediato. Los individuos que gastan su dinero en bienes duraderos, como la construcción y el mobiliario, acumulan riqueza y generan empleo para más personas. Además, este tipo de gasto fomenta la frugalidad, ya que las personas pueden reducir sus gastos sin ser objeto de críticas públicas.

No obstante, Smith aclara que no pretende afirmar que un tipo de gasto sea siempre más generoso que el otro. El gasto en hospitalidad puede compartirse con amigos y familiares, mientras que el gasto en bienes duraderos a menudo beneficia únicamente al individuo que realiza la compra. Sin embargo, el gasto en bienes duraderos, en comparación con el gasto en bienes de consumo inmediato, favorece la acumulación de capital, la frugalidad privada y el empleo de manos productivas, lo que contribuye al crecimiento de la opulencia pública.

Capítulo V: De las diferentes formas en que se pueden emplear los capitales

En este capítulo, Adam Smith discute las diferentes formas en que se pueden emplear los capitales y cómo estas afectan la cantidad de trabajo productivo y el valor que se añade a la producción anual de un país. Se pueden emplear capitales de cuatro maneras distintas:

  1. Obtener productos básicos anualmente para el uso y consumo de la sociedad.
  2. Transformar y preparar esos productos básicos para su uso y consumo inmediato.
  3. Transportar productos básicos o manufacturados desde donde abundan hasta donde se necesitan.
  4. Dividir en porciones pequeñas los productos básicos o manufacturados para satisfacer la demanda ocasional de quienes los necesitan.

Estos cuatro métodos de empleo de capitales son necesarios para el funcionamiento y la conveniencia general de la sociedad. Sin embargo, la cantidad de trabajo productivo y el valor añadido a la producción anual varían enormemente según el tipo de empleo de capitales.

Smith argumenta que el capital empleado en la agricultura es el que más trabajo productivo genera y añade un mayor valor a la producción anual en comparación con los capitales empleados en la fabricación, el comercio mayorista y minorista. Además, señala que los capitales empleados en la agricultura y en el comercio minorista deben residir siempre dentro de la sociedad en la que se emplean.

Por otro lado, el capital de los comerciantes mayoristas y de los fabricantes no tiene una residencia fija y puede moverse de un lugar a otro según las oportunidades de compra y venta. En resumen, Smith sostiene que el empleo de capitales en la agricultura es, con mucho, el más beneficioso para la sociedad en comparación con las otras formas de empleo de capitales.

Luego, Adam Smith argumenta que el capital del fabricante es más importante dentro del país, ya que impulsa más mano de obra productiva y aumenta el valor anual del producto de la tierra y el trabajo de la sociedad. Sin embargo, un país puede no tener suficiente capital para mejorar y cultivar todas sus tierras, fabricar y preparar todos sus productos básicos para el consumo inmediato y transportar los excedentes a mercados distantes donde puedan ser intercambiados.

Un país con capital insuficiente para esos propósitos se beneficiará más si emplea su capital en la agricultura. Después de la agricultura, el capital empleado en la fabricación es el que impulsa la mayor cantidad de mano de obra productiva y agrega el mayor valor al producto anual. El comercio de exportación tiene el menor efecto de los tres.

Los tres tipos de comercio mayorista incluyen el comercio nacional, el comercio exterior de consumo y el comercio de transporte. El comercio nacional se emplea en la compra de productos en una parte del país para venderlos en otra parte. El comercio exterior de consumo se emplea en la compra de bienes extranjeros para el consumo interno. El comercio de transporte se emplea en el comercio entre países extranjeros.

El capital empleado en el comercio nacional apoya la industria y el trabajo productivo del país más que el capital empleado en el comercio exterior de consumo y el comercio de transporte. En resumen, un capital empleado en el comercio nacional proporciona más incentivos y apoyo al trabajo productivo que un capital igual empleado en un comercio exterior más directo.

Luego, Adam Smith argumenta que no importa qué bienes extranjeros se adquieran para consumo interno, ya que no afecta esencialmente la naturaleza del comercio ni el apoyo que este brinda a la mano de obra productiva del país. Afirma que el comercio de consumo extranjero llevado a cabo mediante oro y plata tiene las mismas ventajas e inconvenientes que cualquier otro comercio de consumo extranjero similar.

El capital empleado en el comercio interno de un país generalmente fomenta y respalda una mayor cantidad de mano de obra productiva en dicho país, aumentando el valor de su producción anual más que un capital igual empleado en el comercio de consumo extranjero. Sin embargo, el capital empleado en este último comercio tiene una ventaja aún mayor en estos aspectos sobre un capital igual empleado en el comercio de transporte.

Smith sostiene que el comercio de consumo extranjero más indirecto puede ser tan necesario para respaldar la mano de obra productiva del país y el valor de su producción anual como el más directo. Además, señala que el comercio de transporte es el efecto y síntoma natural de una gran riqueza nacional, pero no parece ser la causa natural de la misma.

Por último, el autor menciona que la consideración del beneficio privado es el único motivo que determina el empleo del capital en agricultura, manufactura o en alguna rama específica del comercio mayorista o minorista. También sugiere que la política de Europa ha dado a las industrias urbanas una ventaja sobre la agricultura, lo que explica por qué las personas a menudo prefieren emplear sus capitales en comercios lejanos en lugar de cultivar tierras fértiles en su propio país.

A modo de síntesis, en este capítulo Adam Smith examina cómo el capital influye en la economía y en la mano de obra productiva. Comienza estableciendo la distinción entre capital fijo y capital circulante, siendo el primero aquel que se invierte en bienes duraderos como edificios y maquinaria, mientras que el segundo se refiere a bienes en proceso y productos terminados.

Smith sostiene que diferentes industrias requieren diferentes proporciones de estos tipos de capital, lo que afecta la cantidad de mano de obra empleada y la rentabilidad de cada industria. A continuación, analiza cómo el capital afecta la mano de obra productiva en tres tipos de comercio: interno, de consumo externo y de transporte.

El comercio interno, según Smith, es el más beneficioso para un país, ya que apoya directamente a la mano de obra productiva y aumenta el valor de la producción anual. Por otro lado, el comercio de consumo externo, aunque beneficioso, no tiene tanto impacto como el comercio interno. Finalmente, el comercio de transporte es el menos beneficioso de los tres, ya que no respalda directamente la mano de obra productiva.

Además, Smith argumenta que no es relevante qué bienes extranjeros se adquieran para consumo interno, ya que esto no afecta la naturaleza del comercio ni el apoyo que proporciona a la mano de obra productiva del país. Asimismo, afirma que el comercio de consumo extranjero que se realiza con oro y plata tiene ventajas e inconvenientes similares a cualquier otro comercio de consumo extranjero.

En última instancia, el capítulo 5 del Libro II explora cómo el capital afecta la economía y la mano de obra productiva en diferentes tipos de comercio, enfatizando la importancia del comercio interno y desalentando el favorecimiento excesivo de otros tipos de comercio.

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«El liberalismo que no supimos comprender»

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¿Qué es el liberalismo?

¿Por qué el liberalismo latinoamericano es tan distinto al europeo? El liberalismo en Latinoamérica tiene una fuerte impronta conservadora, y se declara enemigo del Estado. Pero en varios Estados europeos, el Estado es una herramienta fundamental para llevar adelante sus políticas liberales. F. Hayek escribió un anexo importante a su obra «Constitución de la libertad» llamado «Por qué no soy conservador», que se convirtió en una declaración de principios para definir su ideología. Milton Friedman escribió en la introducción a «Capitalismo y libertad» que los movimientos liberal-conservadores eran absurdos, ya que resultan en un oxímoron.

El liberalismo ha sufrido una tergiversación histórica que ha creado una confusión notable. Es por ello que hoy vemos personas definirse como “liberal en lo económico y conservador en lo social” o viceversa. Esta es la razón por la que los gobiernos no perduran en el tiempo, y generan tan bajos índices de aprobación en la sociedad. También es la razón por la cual actualmente están aumentando las diferencias políticas de distintos grupos sociales y la sociedad se encuentra siendo protagonista de un enfrentamiento que genera una grieta entre personas con opiniones diferentes, amigos o hasta familias. Unos defienden la libertad económica y otros defienden la libertad social.

Salir de este sinsentido depende de nosotros mismos. El liberalismo latinoamericano ha fracasado, porque no ha comprendido los principios básicos del liberalismo en su esencia. En este libro, recorremos la historia de los últimos 300 años desde John Locke hasta Milton Friedman pasando por Marx, Adam Smith, y una gran variedad de actores trazando un paralelismo entre los eventos que se fueron sucediendo en Inglaterra, Escocia, Francia, Alemania, los países nórdicos, Estados Unidos y otras localidades importantes en el desarrollo histórico de la política mundial. Este libro busca definir al liberalismo como un movimiento eminentemente contra la opresión, intentando cerrar la grieta política que atraviesan actualmente todos los países hispanoparlantes sin excepción.

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