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Javier Milei, la explicación de un fenómeno en crecimiento

Javier Milei World Economic Forum
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Los argentinos agotaron su paciencia. Sienten que los políticos son deshonestos y no comprenden sus necesidades. Más de la mitad de los argentinos cree que la situación económica empeorará en el futuro cercano. En este contexto, la figura de Javier Milei canalizó el voto bronca de la población, y luego de alcanzar una banca en la Cámara de Diputados, apuesta a afianzar sus bases. Pero ¿cuáles son sus ideas, y qué podemos esperar realmente de Milei en el futuro cercano?

La base ideológica de Javier Milei

«¡Viva la libertad, carajo!» es un grito de guerra que sale de los pulmones y del alma de Javier Milei. Sus bases son claras, y basadas en datos: sostiene que el capitalismo es un sistema que reduce sistemáticamente la pobreza. No solo eso, sino que, agrega, es el único sistema que elimina la pobreza. Su enunciado se corrobora fácilmente con el siguiente gráfico que muestra el porcentaje de la población mundial viviendo en extrema pobreza desde 1820 hasta 2015:

Aquí se puede ver cómo la pobreza extrema cayó del 83,90% de la población mundial en 1820 al 9,60% en 2015. Si se observa detenidamente el gráfico, se puede ver cómo esta caída se ralentiza en el periodo 1929-1950 comprendido entre la crisis del ’29 y la Segunda Guerra Mundial, para restablecer su tendencia en el periodo de posguerra. Aún más espectacular es la caída de la pobreza extrema entre 1990 y 2015, pasando del 36,91% al mencionado 9,60% tras la caída del Muro de Berlín; la integración de los países de Europa del Este a la cadena de valor global y los profundos cambios económicos de China que la acercaron al comercio con el resto del mundo.

 

Esta caída en la pobreza extrema tiene su correlato, dice Milei, en el crecimiento exponencial del PBI mundial a lo largo de la historia, el cual creció de forma significativa a partir del año 1800 con el advenimiento de la Revolución Industrial, y de forma espectacular a partir de 1950:

Milei complementa su argumento hablando de la tasa de aceleración del PBI per capita, el cual creció al ritmo de un 0,02% anual entre el año 0 y el 1800; al 2,10% entre los años 1950-2000; y 3,10% entre los años 2000-2017.

«¿Cuál es la lógica detrás de todo esto? ¿Qué es lo que sostiene toda esta magia?» pregunta Milei en una de sus charlas, mientras muestra un gráfico en el cual se ve que los países en el primer quintil del ‘Índice de Libertad Económica‘ tienen un mayor crecimiento del PBI per capita, y un mayor PBI per capita medido en PPP:

https://economia.wiki/politica/javier-milei-la-explicacion-de-un-fenomeno-en-crecimiento/

«La libertad», responde, con sentimiento sobre sus palabras, a su audiencia. «Aquellos países que son más libres crecen más del doble que aquellos que son reprimidos». Luego, destaca que estos países tienen un PBI per capita hasta 8 veces mayor a los países reprimidos. Pero lo más importante en su discurso es cuando habla del decil más bajo de ingresos de la población. Es allí donde Milei destaca que los países donde impera una mayor libertad económica, los sectores más desfavorecidos ganan hasta el doble (en PPP, para evitar distorsiones de precios) que el salario promedio de la población en los países reprimidos. En consecuencia, nos dice, el sistema de producción capitalista es el más favorable que existe para las clases más desfavorecidas. «En los países libres la pobreza es 25 veces menor y la gente vive más», remata, cerrando su argumento.

Todo esto es posible, según Milei, gracias a 5 pilares fundamentales del capitalismo:

  • Propiedad privada
  • Mercados libres
  • Competencia
  • División del trabajo
  • Cooperación social

La ‘división del trabajo‘ le permite a cada individuo dedicarse a aquello en lo que son mejores que el resto. Cada persona es distinta a la otra, y tiene mayores habilidades en un campo que en el otro. La división del trabajo permite al individuo abocarse a lo que realmente lo diferencia, aquello en lo que es «relativamente mejor» al resto. La división del trabajo da lugar entonces a la quinta institución del capitalismo, la ‘cooperación social‘. Según la misma, los individuos necesariamente deben asociarse para desarrollarse económicamente, y esto reduce la segregación social al acercar a individuos con perfiles completamente distintos en un mercado libre de prejuicios. «Como decía Bastiat, donde entra el comercio no entran las balas». Bastiat, de hecho, es citado reiteradas veces por Javier Milei.

La cooperación social, según Milei, es opuesta a la teoría del derrame. «No hay derrame», sentencia con acierto, alejándose de un concepto completamente ajeno al liberalismo, y que ha generado más daño que beneficios al país. «A Steve Jobs no se le derramaba nada, a Bill Gates no se le derramaba nada» dice, buscando la complicidad de la audiencia.

A modo de ejemplo de países exitosos, menciona a los países nórdicos, cuya libertad económica explica su nivel de desarrollo económico. En este blog ya hemos resuelto esta duda, hablando extensamente del desarrollo económico de Noruega y de las principales características de los países nórdicos. También se ha explicado profundamente el tema en el libro «Análisis de modelos económicos exitosos» (2018), donde repasamos las estructuras económicas y sociales de Noruega, Finlandia y Dinamarca entre otros. En resumen, los países nórdicos se integran a la cadena de valor global a través de un alto grado de apertura económica, y la riqueza de esta integración la invierten en educación, salud y un sistema político libre de corrupción para garantizar el desarrollo económico futuro.

Milei ataca al populismo y a las políticas redistributivas, haciendo hincapié en que la generación de riqueza es más importante que su distribución, ya que el populismo destroza los incentivos, actúa como un expulsor de riqueza de una nación y empobrece a la población en su conjunto. Esta generación de miseria, según Milei, es conveniente para el discurso de los políticos, ya que es más fácil hablarle al 75% de la población que está por debajo del ingreso promedio nacional para conseguir su voto a través de un mensaje de salvación (o de redistribución). Citando a Milton Friedman, Milei dice «aquella sociedad que priorice la igualdad por encima de la libertad no va a conseguir nada de ambas; en cambio aquellas sociedades que prioricen la libertad por sobre la igualdad va a conseguir mucho de las 2 cosas».

El siguiente pasaje es quizás la piedra fundamental para comprender sus ideas:

Estamos frente a una discusión de valores. Por un lado el socialismo, basado en la envidia, el odio, el resentimiento, la desigualdad ante la ley, el robo, y por sobre todas las cosas tratar de igualar a los que somos desiguales. Es, en consecuencia, un sistema violento que siempre se aplicó por la fuerza y se llevó la vida de más de 100 millones de vidas humanas [a través de sus mecanismos represivos]. Y por el otro lado tenemos el liberalismo y el capitalismo, que no es ni más ni menos que el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en la propiedad privada, en los mercados libres, en la poca intervención del Estado, en la división del trabajo, en la cooperación social; un sistema que premia el ahorro, el esfuerzo y el trabajo. y todo esto, sirviendo al prójimo con bienes de mejor calidad a un mejor precio. Es decir, el exitoso en el capitalismo no es ni más ni menos que un benefactor social [por el principio de cooperación social].

Toda esta base ideológica es evidente y basada en datos. Lo único extraño aquí es que en Argentina haya individuos defendiendo el proteccionismo económico, en oposición a la integración de Argentina a la cadena de valor global, lo cual es una insensatez. Milei defiende un mensaje completamente evidente, del mismo modo que Galileo defendió la teoría heliocéntrica en su momento. Esta abrumadora evidencia sobre el crecimiento económico que genera la integración de un país a la cadena de valor global fue bien recibida por la sociedad, la cual entiende que se requieren medidas económicas de fondo para dejar de sufrir los vaivenes de la permanente inestabilidad económica nacional. La sociedad quiere vivir mejor, y Milei explica a los gritos cómo se puede alcanzar una calidad de vida superior, con argumentos irrefutables.

Hasta aquí, las bases ideológicas de Milei dentro del ámbito económico.

Fascismo

Acusar a Javier Milei de fascista es como acusar a Nicolás del Caño de neoliberal: un argumento digno de quien no ha leído más de 500 palabras sobre fascismo en toda su vida. ¿Qué es el fascismo? El fascismo es una filosofía que reivindica la supeditación del individuo al Estado. Es una ideología abiertamente antiliberal y anticapitalista, cuya base discursiva se basa en la construcción de una nación y de un sentimiento de patriotismo que engendre un Estado omnipresente, en detrimento de la libertad individual.

A continuación, tres extractos sobre la libertad obtenidos del libro «El espíritu de la revolución fascista», una recopilación de discursos de Mussolini publicada bajo expresa autorización del Duce:

«El Fascismo quiere el Estado. No cree en la posibilidad de una convivencia social que no esté encuadrada en el Estado. Sólo los anarquistas —más optimistas aún que Rousseau— piensan que la sociedad humana tan torva, tan opaca, tan egoísta, pueda vivir en estado de absoluta libertad. El advenimiento de una era en la cual sin normas y sin límites, los hombres se asocien libremente en una comunidad libre, según la fórmula anarquista, debe ser relegado al limbo de las utopías más futuristas». (1922)

«La libertad no es un fin: es un medio. Y como medio debe ser controlado y dominado.

 

…La verdad, manifiesta ya a los ojos de quien no los tenga vendados por el dogmatismo, es que tal vez estén los hombres hartos de libertad. Han hecho de ella una orgía. La libertad no es ya hoy la virgen casta y severa por la cual combatieron y murieron las generaciones de la primera mitad del siglo pasado. Para la juventud intrépida, inquieta y áspera, que se encara con el amanecer de la nueva historia, hay otras palabras que ejercen una fascinación mucho mayor, y son: orden, jerarquía, disciplina». (1923)

«¿Pero qué es esta libertad? ¿Existe la libertad? En el fondo se trata de un categoría filosófico-moral. Existen libertades, ¡pero la libertad no ha existido nunca! …La libertad, señores, no debe convertirse en libertinaje. Lo que se pide es el libertinaje, pero éste no lo concederé jamás». (1923)

Esta última cita de Mussolini es infelizmente similar a las declaraciones de Alberto Fernández durante la pandemia. Uno de los argumentos más sensatos sobre las libertades en tiempos de pandemia fue el de la periodista Cristina Pérez: «el problema del kirchnerismo es que no le gusta la libertad». Nosotros podemos agregar, «al igual que Mussolini».

Respecto a la postura del fascismo frente al capitalismo, el lector distraído puede caer en el error de tomar de forma literal los halagos del Duce para con este sistema de producción. Pero este capitalismo que defiende el sistema fascista, sostenido bajo el sindicalismo fascista, tiene aristas severamente opuestas a la libertad, como podemos ver en los siguientes pasajes:

Colaboración y trabajo: otro punto fundamental del sindicalismo fascista. Capital y trabajo no son dos términos antagónicos, sino complementarios; ninguno puede prescindir del otro, por tanto deben entenderse y es posible que se entiendan. Cierto es que este Estado asume grandes deberes; pero en el discurso de la ‘Scala’ yo he declarado que en mi concepto, en la concepción del Fascismo, “todo está en el Estado; nada fuera del Estado; y, sobre todo, nada contra el Estado“. Hoy nosotros vamos a disciplinar todas las fuerzas de la industria, todas las fuerzas de la Banca, todas las fuerzas del trabajo. La misión es ardua pero la experiencia nos reconforta y nos da, a nosotros mismos, fe en el éxito del experimento. Porque el clima histórico ha cambiado. Triunfará porque las masas van educándose, porque nosotros las educaremos mejorándolas cualitativamente seleccionando los mandos, despidiendo a los indignos, espoleando a los vagos. Todo esto no puede hacerse en un día, pero lo importante es que exista y que se aplique. (1933)

Disciplinamos las fuerzas políticas, disciplinamos las fuerzas morales, disciplinamos las fuerzas económicas. Estamos, pues, en pleno Estado corporativo fascista. (1926)

En la Italia Fascista el capital está a las órdenes del Estado; hay que emigrar hacia los países más beatificados por los inmortales principios liberales, para constatar un fenómeno netamente opuesto: el Estado pronto a las órdenes del capital. (1937)

El corporativismo supera al socialismo y supera al liberalismo, creando una nueva síntesis. Es sintomático un hecho, sobre el cual quizás no se ha reflexionado bastante: que la decadencia del socialismo coincide con la decadencia del capitalismo. Todos los partidos socialistas de Europa están deshechos. No me refiero ahora a Italia y Alemania, sino también a todos los demás países. Por esa razón, la economía corporativa surge en el momento histórico determinado, es decir, cuando los dos fenómenos concomitantes, capitalismo y socialismo, han dado ya de sí todo lo que podían dar. Del uno y del otro heredamos cuanto tenemos de vital.
Rechazamos la teoría del hombre económico, la teoría liberal, y nos hemos sublevado siempre que oímos decir que el trabajo es una mercancía. El hombre económico no existe. Existe el hombre integral, que es político, económico, religioso, santo y guerrero. Hoy damos nuevamente un paso decisivo en el camino de la revolución. No hay duda de que, dada la crisis general del capitalismo, las soluciones corporativas se impondrán en todas partes, pero para hacer el corporativismo pleno, completo, integral, revolucionario, se necesitan tres condiciones: un partido único, para que al lado de la disciplina económica actúe también la disciplina política, y exista, por encima de encontrados intereses, un vínculo que una a todos en una fe común.
Pero no basta con eso. Hace falta, además del partido único, el Estado totalitario, esto es, el Estado que asume, para transformarlas y potenciarlas, todas las energías, todos los intereses y todas las esperanzas de un pueblo. (1933)

Los pasajes de Mussolini sobre el capitalismo son sorprendentemente similares a las recientes declaraciones de CFK.

Es que si hay un movimiento con características fascistas en Argentina, ese es exactamente el peronismo: el corporativismo, el patriotismo, la supeditación del individuo al Estado, el liderazgo de un líder supremo cuyos mandatos son inobjetables, el proteccionismo económico, el disciplinamiento de los agentes económicos, la violencia a partir de los sindicatos y los aliados políticos, el antiliberalismo, la extorsión y la lealtad política son todos componentes abiertamente fascistas.

Achacar cualidades fascistas a Milei es simplemente ridículo. Fascismo y liberalismo son antónimos por definición.

Derechos humanos y dictadura militar

Cuando Javier Milei se aleja de los conceptos económicos, cuando se aleja de su área de expertise, los argumentos técnicos se caen y aparece una figura un poco más contradictoria. Este es el caso de su opinión sobre la última dictadura militar.

Por un lado, dice que está a favor de la portación de armas por parte de la sociedad porque de esta forma se evita el monopolio de la violencia por parte del Estado y se asegura que la población pueda reaccionar ante una situación de opresión; por el otro habla de una guerra entre terroristas y el Estado. Es imposible hablar de una guerra, cuando 5 minutos antes la misma persona reconoció que una de las partes posee el monopolio de la violencia. Jamás se puede avalar un plan sistemático de desaparición de personas: es un genocidio y punto. Lo que debería haber hecho el Estado es impartir justicia a través de juicios y el debido proceso. Es ridículo apoyar al mismo tiempo dos posturas completamente opuestas. Sus argumentos devienen en una contradicción ideológica: justifica una u otra cosa de acuerdo a quién sea su interlocutor.

«Lo otro que hay que entender es que era una guerra. Mirá si en ese momento alguien va y te pone una bomba y volás por los aires, ¿te parece bien eso? Pregunta, ¿te parece bien? O que vayan a tu familia y le pongan una bomba y la hagan volar por los aires. ¿Te parece bien? ¿Te parece muy, muy bellamente idealista?» le pregunta Javier Milei a su entrevistador. Ahora, yo le pregunto a Javier, ¿para qué cree que es la portación de armas por parte de la sociedad civil que él mismo defiende? ¿para ofrecer masajes descontracturantes con enebro al ritmo de unos cuencos tibetanos? Las armas tienen como fin último matar. O se está a favor de una cosa, o de la otra.

Aborto

Milei tuvo una educación religiosa en el Instituto Cardenal Copello. Es comprensible, entonces, su ferviente oposición al aborto. Pero Milei sabe tanto de medicina como CFK de economía: absolutamente nada. Sus opiniones sobre esta temática carecen de fundamentos técnicos, y niegan una realidad evidente. Lo llamativo aquí es que, ante un tema que divide a la sociedad, Milei opta por imponer su postura. La única realidad es que, hoy por hoy, esta discusión debe necesariamente zanjarse a través de una consulta popular.

¿Cómo puede ser que un liberal intente imponer su opinión de forma unilateral? Es una contradicción evidente con su filosofía y su base política. Podría ofrecer una alternativa racional, y plantear que los temas que dividen a la sociedad deberían ser decididos por la misma en un reférendum, y no en un recinto mínimo, habitado por una ‘casta política’. Aquí surge un conflicto de intereses evidente: ¿aceptarían sus mecenas, mayormente conservadores y católicos, esta postura?

Conclusión

Javier Milei es una de las más esperanzadoras apariciones políticas del país, hablando estrictamente desde el punto de vista económico. Aporta conceptos que son evidentes para los países que han alcanzado un alto grado de desarrollo, pero que son desconocidos para el economista promedio argentino, el cual durante su etapa de formación en los centros universitarios se encuentra con una parte de la literatura completamente censurada. Una actitud más digna del oscurantismo católico de la Edad Media que de la formación académica en pleno siglo 21.

Si el protagonismo de Milei en la política argentina sirve para contribuir a la integración económica del país al mundo, entonces el balance probablemente vaya a ser positivo. Es la posibilidad de Argentina de recuperar 70 años de decadencia económica, que ya hemos analizado en esta entrada del blog.

Pero sus seguidores deberían ser un poco más realistas y pragmáticos: las leyes se discuten en el Congreso, y allí la mayoría probablemente siga siendo peronista en el corto y mediano plazo. Los seguidores de Milei exigen soluciones inmediatas y se quejan cuando no se obtienen. Pero una solución impuesta de forma inmediata, sin discusión parlamentaria, es una forma de autoritarismo. Las reformas deben ser discutidas en el recinto parlamentario, donde los cambios se ralentizan y requieren paciencia.

No hay medias tintas: o se está a favor de la discusión democrática o se está a favor del autoritarismo. Parecería que en Argentina no existen funcionarios con la capacidad para explicar esta situación, ni votantes con capacidad para comprenderlo. El hartazgo, evidentemente, nubla la capacidad de raciocinio.

Desde el punto de vista de las iniciativas ajenas a los conceptos económicos, Milei haría bien en mermar su fatal arrogancia, y comprender que en asuntos en los que no es especialista, su opinión vale lo mismo que al del resto de los mortales. Citando a Hayek:

La evolución de las normas no ha estado, desde luego, exenta de fricciones. Quienes ostentaban el poder político, al arrogarse la responsabilidad de que fueran obedecidas, en muchas ocasiones más desalentaron que favorecieron el desarrollo de un proceso que, sin duda, implicaría la alteración de la manera de enjuiciar lo que era justo o adecuado. La generalizada asunción de las normas aprendidas habrá bloqueado en muchas ocasiones las fases subsiguientes del proceso, o habrá limitado la extensión del mismo a ámbitos en los que quizá ya entraba dentro de lo posible la coordinación del comportamiento individual. Rara vez la autoridad coercitiva ha contribuido, por propia iniciativa, a la expansión del proceso que nos ocupa, aunque esporádicamente haya logrado imponer ciertos esquemas morales con los que se identificaba especialmente el grupo regulador.

Otro pasaje:

Históricamente, tal secuencia de acontecimientos se ha repetido hasta la saciedad: producido un avance civilizador, éste se ha visto reiteradamente truncado por gobernantes empecinados en intervenir en el cotidiano quehacer de la ciudadanía. Al parecer, nunca ha llegado a establecerse una civilización avanzada cuyos gobernantes —aun cuando comprometidos inicialmente en la defensa de la propiedad— hayan logrado resistirse a la tentación de utilizar su poder coercitivo para abortar así potenciales avances hacia nuevos estadios de civilización. Y, sin embargo, la existencia de un poder de entidad suficiente como para garantizar la defensa de la propiedad privada contra su violenta invasión por terceros propicia sin duda la aparición de un cada vez más sofisticado orden de espontánea y voluntaria cooperación. Desgraciadamente, tarde o temprano, los gobernantes tienden a abusar de los poderes a ellos confiados para coartar esa libertad que deberían defender y para imponer su supuestamente más acertada interpretación de los acontecimientos, no dudando en justificar su comportamiento afirmando que simplemente tratan de impedir «que las instituciones sociales evolucionen arbitrariamente» (por utilizar la característica terminología a la que recurre el Fonlana/Harper Diccionary of Modem Thought [1977]) para definir el concepto «ingeniería social»).

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