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El sistema de vouchers educativos fue promocionado durante los años 70 por Milton Friedman como una alternativa liberal que favoreciera la elección voluntaria de cada padre sobre la educación de sus hijos. Con el tiempo, distintos países adoptaron diferentes variantes de este sistema con resultados disímiles. En esta oportunidad vamos a centrar la atención sobre la transformación ocurrida en Suecia, donde el formato escogido consistió en un voucher educativo que «acompaña» al alumno otorgándole a éste un monto fijo —directamente pagado a la institución educativa— en lugar de financiar a las escuelas mediante un presupuesto preestablecido. Este voucher puede ser utilizado tanto en centros educativos estatales —donde todos los niños tienen su lugar asegurado— como aquellos que se encuentran gestionados de forma privada. La condición para estas instituciones es que no pueden cobrar una cuota extra a las familias, ni rechazar postulantes bajo ningún concepto, los cuales ingresan por orden de solicitud. Tras la reforma que introdujo el sistema de libre elección en 1992, las escuelas de gestión privada experimentaron un rápido crecimiento, pasando del 4% del total de la matrícula en el año 2000 al 16% actual1. Más del 50% de estas instituciones son organizaciones con fines de lucro.

 

Previamente, el sistema educativo era centralizado y monopolizado desde la órbita estatal. Los resultados obtenidos en los exámenes internacionales se situaban bien por encima del promedio de la OCDE en las asignaturas más fuertes, y similar al promedio de la OCDE en el peor de los casos. A principios de los años 90 Suecia sufriría una fuerte crisis económica que resolvió a través de un giro hacia políticas orientadas al mercado y a la privatización de los servicios públicos. El cambio de modelo educativo fue, en consecuencia, una cuestión más ideológica que de necesidad, ya que cobró mayor fuerza la idea de que las instituciones públicas resultan ineficientes por definición —entendiendo que en manos de privados serían más racionales y eficientes—, y el gasto de recursos se comenzó a cuestionar con mayor ímpetu. Las primeras medidas estuvieron orientadas a descentralizar las responsabilidades educativas devolviendo la autonomía y la capacidad de decisión a las municipalidades. Lo que se buscaba era aumentar la competencia y fomentar la formación de escuelas privadas. La teoría disponía que las escuelas de baja calidad sufrirían la pérdida de sus alumnos y eventualmente cerrarían, premiando de esta forma a las que mejor satisfagan las demandas de los padres.

https://economia.wiki/educacion/funciona-el-sistema-de-vouchers-educativos-en-suecia/

Los resultados de los exámenes PISA, una muestra global del conocimiento de los alumnos de 15 años, fueron un duro golpe para el país. Suecia sufrió el más brusco descenso en sus calificaciones entre todos los países evaluados entre los años 2003 al 2012. El debate nacional reflejó la preocupación de toda la sociedad al encontrarse que un cuarto de los estudiantes no obtenía el mínimo esperado en las pruebas de matemáticas, la cantidad de alumnos sobresalientes se redujo a la mitad y las calificaciones empeoraban en todos los ámbitos analizados. Lo más llamativo era que este declive se evidenciaba al mismo tiempo que las mediciones nacionales mostraban un alza en las calificaciones, una contradicción absoluta no solo respecto a los exámenes PISA, sino también respecto a otras pruebas globales como las TIMMS y PIRLS2. ¿Qué podía estar ocurriendo?

Comparación entre el promedio en la calificación por mérito en el año 9 (15 años de edad) y exámenes PISA

https://economia.wiki/educacion/funciona-el-sistema-de-vouchers-educativos-en-suecia/

Uno de los principales inconvenientes es que la responsabilidad migró del Estado hacia los padres: ellos son ahora los responsables de juzgar si la educación recibida es de buena o mala calidad sin que tengan en todos los casos las herramientas necesarias para hacerlo. No hay castigos ni intervenciones para las escuelas, sino que se «supone» que el mercado la castigará. La evidencia sugiere que esto no ocurre3.

 

Otra dificultad que se puede encontrar es el método de evaluación: las escuelas favorecen exámenes con preguntas abiertas que permiten un alto grado de subjetividad en la calificación, y en muchos casos los docentes son presionados por los directivos para otorgar buenas notas aun cuando no correspondieran, con el fin de incentivar a los padres a que continúen enviando a sus hijos a esa institución3. Una de las críticas más recurrentes al sistema sueco —y a muchos otros— es que son los mismos docentes que imparten clases quienes califican a sus alumnos, en lugar de derivar la calificación hacia alguien imparcial.

 

Las escuelas poseen la libertad de elegir el método para transmitir los contenidos al alumnado, pero esto acentuó la diferencia en los resultados entre colegios. En Suecia hubo un leve aumento de la segregación que siguió el patrón de privatización de las escuelas, tal como se puede ver reflejado en un reporte de la OCDE y otro de UNICEF. A través de la introducción de la libre elección, la sociedad tuvo una tendencia mayor a la división de acuerdo a su condición social. El índice de inclusión académica cayó más que en el resto de los países miembros de la OCDE en el período comprendido entre 2003 y 2012. Si bien se mantiene en valores positivos, esto se debe a que el sistema era totalmente inclusivo previo a la reforma, luego de la cual ha ido sufriendo una caída paulatina directamente relacionada al crecimiento de la privatización de la educación. La explicación la podemos encontrar en la segmentación social que se acentúa por la división demográfica entre barrios de inmigrantes y de no inmigrantes que surgió en los principales centros urbanos.

 

Es recurrente encontrar el argumento de la inmigración y la segregación demográfica como defensa del sistema de vouchers por parte de los think-tanks que ponderan la libre elección escolar, situación que explicaría la fuerte caída en los resultados de los test internacionales. Pero el argumento es inconsistente con otros países con igual o mayor nivel de inmigrantes dentro de su sistema educativo. Tal cual podemos ver reflejado en la entrega de 2011 de “PISA In Focus: How are school systems adapting to increasing number of immigrant students?” preparada por la OCDE: Suecia no es el sistema educativo con mayor inmigración, pero sin embargo obtiene resultados preocupantemente más desfavorables que otros países. Es oportuno mirar con atención el caso de Canadá, donde según su Ministerio de Educación, este país cuenta con la segunda mayor población de habitantes nacidos en el exterior en proporción con el total de su población total, tan solo detrás de Australia. Además, el 35% de los estudiantes se identifican como inmigrantes en el territorio nacional, siendo la provincia de Ontario (donde se encuentra la ciudad de Toronto) la de mayor participación de inmigrantes con un 44% del total de la matrícula. Esta estadística convierte dicha ciudad en una referencia comparable con el barrio suburbano sueco de Malmö, donde el 47% de los niños en edad escolar provienen de origen extranjero. Podemos agregar como una dificultad más el hecho de que en el censo 2016, la población canadiense reconoció más de 200 lenguas como su «lengua madre» —i.e. primera lengua en el hogar—. A pesar de este enorme desafío, este artículo de la OCDE que repasa los resultados de las pruebas PISA 2015 muestra que, en Canadá, los niños inmigrantes que se integran al sistema educativo alcanzan los mismos resultados que sus pares nativos en un plazo de 3 años, mientras que en Suecia podemos encontrar hasta 100 puntos de diferencia entre estudiantes inmigrantes de primera generación y sus compañeros locales en las calificaciones obtenidas en ciencia.

 

En Suecia, la sociedad acepta en amplio consenso que una educación equitativa y de calidad está estrechamente vinculada con el futuro crecimiento económico, por lo que esta situación se plantea como una problemática prioritaria. Esto es especialmente importante para los inmigrantes, ya que el gobierno aspira a evitar incrementar el gasto de su estado de bienestar por el gran flujo de asilados y refugiados que llegaron en los últimos años, quienes idealmente deberían integrarse a la economía sueca de forma productiva. En esta integración se apuesta a continuar atrayendo inversiones de alto valor agregado —la cual demanda recursos humanos altamente calificados— y reducir índices de inseguridad.

 

El sistema de vouchers educativos es solo una alternativa más que se implementó alrededor del mundo para buscar la mejor forma de educar a la población. Pero más allá del sistema utilizado, lo más importante es comprender que el objetivo es alcanzar un método que, a través de la igualdad de oportunidades, potencie la economía de un país incluyendo a todos los ciudadanos. De esta forma, la mano de obra calificada tiene la capacidad de atraer inversiones extranjeras de alto valor agregado que contribuyan con salarios competitivos y permitan la inserción de una nación a la cadena de valor agregado mundial a través del capital humano. Nada tiene más valor que la educación de los niños, no solo emocionalmente, sino también económicamente.

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